Hay ingredientes que están en casi todas las cocinas, pero que pocas veces se eligen con criterio. La mantequilla es uno de ellos. Se usa en el desayuno de un hotel, en la masa de una medialuna, en el puré que acompaña un plato de fondo o en la tostada que sale con el café de la mañana. Está en todas partes y, precisamente por eso, cuando no es la correcta, se nota.
En panadería y pastelería, la mantequilla no es un complemento: es parte de la receta. Una masa hojaldrada, un queque o una galleta dependen de la calidad y del comportamiento de la mantequilla para lograr el resultado esperado. Lo mismo pasa en la cocina chilena, donde preparaciones como el puré, el pastel de choclo o un simple sofrito bien hecho tienen en la mantequilla un ingrediente que no se reemplaza fácilmente sin que se note la diferencia.
En hotelería y cafetería, donde el volumen es alto y la consistencia no es opcional, la mantequilla también cumple un rol operativo. Se necesita un producto fácil de trabajar, que porcione bien y que mantenga el mismo sabor y textura de lote en lote. Porque cuando el cliente se sienta al desayuno buffet o pide una tostada, lo que recibe tiene que ser igual de bueno que la vez anterior.
En Global Frozen distribuimos dos opciones que responden a perfiles distintos dentro del canal gastronómico.
La Mantequilla Rafulco con Sal es la opción para quienes buscan un sabor más marcado y tradicional. Elaborada con crema de leche pasteurizada, tiene ese sabor más intenso que se asocia a lo casero y al sur de Chile. Funciona especialmente bien en panadería, pastelería y preparaciones donde la mantequilla es protagonista. Viene en formato de 250 g, lo que facilita el control de porciones y el manejo en cocina.
La Mantequilla Hacienda del Sur con Sal tiene un perfil más equilibrado y una textura suave y uniforme que la hace versátil para distintos usos. Desde cocina caliente hasta servicio en mesa, se adapta sin complicar la operación. Su consistencia pareja en cada uso la convierte en una opción confiable para cafeterías, restaurantes y servicios gastronómicos de alto flujo. Viene en formato de 200 g, práctico para almacenar y dosificar.
Dos productos, dos perfiles, pero el mismo principio: una buena mantequilla no solo aporta sabor, también ayuda a mantener la calidad, la consistencia y la experiencia que cada cliente espera en cada preparación.
